15.6.07

Divagando sobre la raza humana # 8 - De cuando te haces adulto

Anoche compartí con mis amigos una noche de echadera de vaina, de descubrimiento de cosas asombrosas y de rochela pues, aderezada con una pasta muy sabrosa.


Desde que llegamos, hubo algo que nos hizo retroceder en el tiempo, y de qué manera. Cuando éramos pequeños, muchos tuvieron la suerte de jugar Nintendo, su inigualable Mario Bros y la inifinidad de juegos que le siguieron el paso. Resulta que nuestro anfitrión de anoche, el queridísimo Acuario Escritor, tiene en su computadora una fórmula mágica que te hace encapsularte en una máquina del tiempo para viajar al pasado y jugar esos finísimos jueguitos con gráficos totalmente primitivos, y con soniditos y musiquitas que sacan a cualquiera de sus casillas al oirlos por mucho tiempo seguido.

Para hacer el cuento más corto, apenas llegamos descubrimos que Mario Bros y sus compañeros de la época no habían muerto, por alguna razón (muy tecnológica para mí que sé muy poco de computadoras), nuestro amigo los tiene "vivitos y coleando" en su máquina. La diversión fue absoluta. Después de hacer el trabajo que fuimos a hacer, y después del rico plato de pasta, Muvimeiquer y Acuario escritor se sentaron a darse la batalla contra soldaditos y maquinitas diabólicas de tiros de fuego, láser, y demases. El resultado: un acatarramiento y engarrotamiento de las manos del Muvi.

Pero más allá de la sorpresa de Mario y afines, lo que realmente me sorprendió es la manera en cómo un simple juego te puede llevar décadas atrás. Te lleva a revivir esas épocas de niño en las que sólo existían la escuela, y el Nintendo. Las horas interminables pegadísimos al TV, porque como bien se decía anoche allí no valía nada de salvar el juego, allí era morir y comenzar desde el nivel 0, y había que ser bien aplicado para pasar todo el jueguito y saberse los truquitos de memoria para no morir en el intento.

Entonces, un hurra para todo lo que nos haga volver a ser niños, un hurra para disfrutar las cosas por simples que sean, un hurra para dejar de lado el aburrimiento y la seriedad de crecer, de ser poco a poco más adultos. Porque como dice Miguel Bosé: "los chicos no lloran, sólo pueden soñar".

La niña del bigote

1 comentario:

pippërmint dijo...

Hurra! Bravo por este post!
Hace pocos meses tuve la dicha de ir también a una de esas sesiones en casa de nuestro amado Acuario escritor, y justamente hablando de eso, de los juegos de la infancia, Acuario me mostró algo que yo pensé no vería jamás: Simon the Sorcerer y Monkey Island, un par de juegos que me hicieron pasar días enteros en la computadora de mi casa, absolutamente enviciada... Resulta que me llevé los jueguitos en mi "pendrai" y terminé el de Simón al día siguiente.. Gracias a Dios todavía quedamos algunos que creemos firmemente en que convertirse en adultos no significa perder la chispa, alejarse de todo lo que luzca, huela, sepa, suene a niño. Al contrario, para ser adulto y sobrevivir a todo lo que ello implica, tienes que tener siempre a la mano tus sueños, disfrutar y maravillarte con cada paso que das y con lo que te encuentras por el camino.
Gracias por escribir este texto, niña bigotona!!!
Beso