23.9.07

Divagando sobre la raza humana # 14 - De la gente que apesta

NOTA: Aléjese inmediatamente cualquier persona optimista o llena de alegría. Este post podría resultar contraproducente.

Desde hace días he intentado escribir, pero, de alguna u otra forma, mi computadora parece tener un problema personal con este blog. Basta que comience a escribir para que mi pote me escupa un ojo y se desconecte de la Internet.

En fin. Vengo a escribir hoy sobre la gente que apesta. No crean que escribiré de la gente olorosa o perfumada. No, no, no. ¡JA! Eso sería muy inocente. Vengo a escribir de las basurillas que nos rodean.

En estos meses, ha sido poco el contacto que he tenido con otros seres, aparte de mi perra y la señora de limpieza, pero resulta que no me hace falta socializar mucho para darme cuenta de que la gente (con contadas excepciones) es una real ñoña.

Comienzo con la gente arrastrada. Aquel grupo conformado por arrastrados lamepisos que dicen cosas para ganarse a los demás, sin tener idea de qué están diciendo o por qué lo están diciendo. Son realmente acosadores, pegostosos y ladillas.

Por otro lado están los fastidiosos, los que te siguen a todos lados pidiendo algo, para luego, al momento de tenerlo, no prestarle ni la más mínima atención porque ya no les interesa. Son inconformes. Un chicle en el zapato. Te carcomen la vida.

Además están los que dicen mil y un cosas y no hacen ni una sola. Aquellos que siempre tienen una respuesta para todo, esos que siempre prometen algo y después su tarjeta de presentación es el embarque (y no uno sólo, sino varios).

Están también los que se creen el ojo del mundo, los que todo lo saben, todo lo tienen (pero todo les falta). Son insoportables, metiches, chismosos. Suelen cambiar tantas veces como un camaleón. Dependen de las circunstancias y se mueven por el interés.

A los que más odio es a los hipócritas, a aquellos que muerden la mano de quien los ayuda. Aquellos que son bipolares, enfermos, psicóticos, locos, inservibles e inaguantables. Son los más podridos, los más rancios.

Finalmente, están los constantes, aquellos por los que te aguantas toda la mierda circundante, esos por los que el mundo apesta menos. Son los únicos a los que quiero, respeto y amo. Son esos que, en su lucha por ser mejores, respetan a todos y no son arrastrados, ni fastidiosos, ni embarcadores, ni bipolares, ni hipócritas, ni cara dura.

Es por estos últimos por los cuales estoy dispuesta a continuar. Los demás se pueden seguir pudriendo, pueden seguir en el camino de comerse los unos a los otros. No valen ni medio. Sólo están por estar. Se involucran en todo, pero su interés y su maldad son directamente proporcionales a su pudrición interna y a su ser apestoso.

Quizás estoy criticando lo que me molesta de los demás pero no veo en mi misma. Quizás me estoy pudriendo yo también, al caer en su juego, al estar hombro a hombro con ellos. Sin embargo, eso no significa que no pueda despreciarlos.

No pido perdón por mi descarga. Lo que digo es lo que siento, lo que pienso.

No se trata de que la vida sea dura y de que sea una mierda. No se trata de que exista un karma que nos persigue para castigarnos. Se trata de quiénes hemos decidido ser, se trata de qué tipo de persona somos, de en qué lugar hemos decidido estar.

Yo no soy mejor que nadie, pero no quiero ser parte de la pudrición, quiero ser parte del último grupo. Porque ese es el que vale.

La niña del bigote

2 comentarios:

hijo dijo...

pues, venga. que soy un repodrido que promete cosas y no las cumple, aunque se que direis que no es eso cierto.

eso si, de los otros grupos ni me siento aludido eh.

shavala, estoy intentando cambiar eso poco a poco.

con pasion y locura, te amo!

y ahora, a bailá la sevillana que está pa shupase lo deoz, vengaaa!!

Alberto Cado dijo...

Saludos,
La descarga fue tan arrecha que hasta me sentí mal porque no sé en qué grupo clasificarme!

Tampoco quiero saberlo ¡ojo! (me da miedo enterarme que soy insoportable o cara dura :-P) porque creo que la mejor forma de pertenecer al grupo de los constantes es partir de que no somos de ese grupo, porque si siempre crees que estas mal, siempre buscarás cambiar.

Hay cosas que no se pueden cambiar de uno mismo pero el realmente peligroso/ladilla/estresante es aquel que no quiere cambiar, a ellos les dedico con el corazón mi mentada de madre matutina, la que necesito decir para recordarme que estoy vivo.

Me despido como siempre, a la llanera.

Salut!