18.4.07

Divagando sobre la raza humana # 4 - Cuando me equivoco

Uno de mis grandes defectos es que soy increiblemente prejuiciosa. Juzgo a la gente solo de verla. Luego de un estricto control y revisión visual, mi pequeño cerebro hace un perfil de la persona en cuestión. Que si es así porque se viste así, porque habla así o asao, que se la pasa con este, con aquel y con este otro, que si tiene pinta de sifrino (a), que si tiene pinta de gallo (a), etc. etc. etc. Las mil y una descrpciones posibles y los mil prototipos posibles.


Sin embargo, para mi grata sorpresa, de vez en cuando, muy de vez en cuando, me equivoco. Y en ciertos casos, el equivocarme me hace sentir bien. Me rio de mi misma al pensar en las frivolidades bajo las que categoricé a fulanito y sutanita. Me rio porque, a fin de cuentas, me siento feliz de haberme equivocado, me siento feliz de que la persona no sea ni la cuarta parte de lo que yo me había imaginado.

Y es que, al fin y al cabo, yo no soy quién para juzgar a nadie. No obstante, me gusta justificar este defecto bajo la excusa de que otros deben hacer la misma categorización y creación de prototipos con uno como sujeto. Suelo decir: "Si otros lo hacen, ¿por qué yo no?". Y está mal. Lo sé.

Hay veces en las que me avergüenzo de mi misma por pensar y clasificar a la gente como lo hago. Pero es así, soy así. Y no todo el tiempo es malo. Este agudo sentido, como me gusta llamarlo por medalagananismo, me ha evitado en muchas oportunidades la desgracia de conocer gente que si es como yo la pienso. Me ha evitado el disgusto de tener que soportarlos a mi alrededor. Y es que si hay alguien que personifica la intolerancia en su máxima expresión, esa soy yo.

Doy gracias a Dios cada vez que me equivoco con respecto a alguien, porque eso quiere decir que hay más gente chévere en este mundo, y en esta ciudad específicamente. Me gusta saber que esa persona, a la que odié o hacia la que canalicé mis disgustos por uno o varios momentos, puede tener al menos una cualidad interesante y admirable como humano.

Después de todo, no somos moneditas de oro. Ni yo, ni tú, ni nadie. Y tenemos derecho a ser como somos, incluyendo nuestros defectos y virtudes, que a veces pueden intercambiarse.

Pero BRAVO, BRAVÍSIMO por esas personas que me han hecho admitir que he estado equivocada (al menos lo admito), no tengo motivos para no aceptar las cosas buenas de los demás.

Y salud por ellos, y los que aún están por venir!

La niña del bigote

1 comentario:

Alberto Cado dijo...

Saludos quetecotope-- Chicas y punto!

Mi comentario de hoy es corto y directo a la ingle:

Si has juzgado a alguien de manera equivocada, ¿Le has hecho saber eso a esa persona?

Y, ¿a qué departamento se puede dirigir cualquier ciudadano bolivariano mesmo para saber si ha sido juzgado mal y luego se ha redimido de los actos que me hicieron parte de vuestro prejuicio?

Como dice el coplero, me despido a la llanera,

Salut!